.30.- Mi primer amor.

sábado, 18 de septiembre de 2010.
A ti mi primer amor,

a ese que me enseñó la ternura de una caricia

a ese que me regaló la alegría de una lágrima

a ese que siendo hombre no me hirió

a ese,


Mi primer amor




El primer hombre que amé en mi vida fue mi abuelo materno. Era alto, de pelo ralo, labios finos y constitución ligeramente pesada. Poseía una voz lenta y tranquilizadora de suaves matices. Recuerdo escucharle embelesada mientras leía algún articulo del periódico el cual, a mi corta edad, apenas entendía aunque no me habría importado escucharle durante horas seguidas, pues su perfecta articulación acompañada con la calidez de su cadencia, era para mí un bálsamo tranquilizador en medio del caos que representaba la casa en donde fui criada.

A su lado me sentía a salvo, protegida de todo peligro, no importaba que él fuera un hombre sumamente pacífico cuya meta en la vida era leer tanto como pudiera para enriquecer su intelecto, aborreciendo cualquier tipo de violencia, o que su filosofía fuera conversar y jamás agredir, yo le comparaba con un héroe creado por mi vivida imaginación de niña, un héroe que sin la menor duda, podría arrancarme de las garras de un dragón, si se diera el caso.

Recuerdo nuestras largas caminatas hacia su viñedo.

Durante aquellos dos kilómetros que gustosa hacía a su lado a lo largo de una carretera fuera del ruido de la ciudad, rodeando con sus sensuales curvas una montaña rica en flora, mi abuelo deleitaba mis oídos con sus versos y poesías, las cuales a mis cortos ocho años no siempre entendía, no obstante aprendía de memoria con sumo interés. El paso del tiempo me fue ayudando a absorber el significado, dándome cuenta de su riqueza en palabras y sentimientos. Creo que fue mi abuelo quien creó en mí ese romanticismo o tal vez idealismo que hoy en día tanto intentamos ocultar por ser "cursi" o "nada moderno", pero que es y será siempre parte de mi ser.

La riqueza de su vocabulario era un manantial de caudal inagotable del que bebí vocablos y expresiones de difícil significado para mí en aquella época, oídos de forma casual para más tarde preguntarle a solas, lejos de los oídos ignorantes de mi abuela, pues así como él era un hombre intelectual sin dar importancia alguna a su innata o adquirida sabiduría, mi abuela era una mujer analfabeta, apenas capaz de poder escribir su nombre.

En aquella época me preguntaba a menudo como un hombre tan formidable, había contraído matrimonio con una mujer tan sumamente diferente a él, una mujer con quien era imposible llevar una conversación sin que su carácter fuerte y dominante no diera paso a gritos o imprecaciones que herían mi sensibilidad infantil aún sin comprender su total coherencia.

Ahora, con la experiencia que la vida me ha otorgado, puedo tal vez disculparle, pues ella era una mujer que a pesar de su pelo plateado, demostraba haber poseído una belleza indiscutible, pues aún en su avanzada edad, su rostro de escasas arrugas retenía más que un eco de sus jóvenes primores.

En la ignorancia de mi niñez aquel detalle escapaba mi comprensión, pues mi abuelo era mi héroe, la perfección personificada… Así que deseando acallar aquel error, mi mente elaboró una excusa: Mi abuelo la había salvado de un padre tirano, sacrificando así su propia felicidad.

Qué fácil es buscar y aún más fácil encontrar excusas para disfrazar los errores de la persona amada… Se hizo antaño… se sigue haciendo…

Él me dio ternura, una ternura singular que nada tenía que ver con besos ni abrazos, una ternura que flotaba invisible, que me envolvía con su calidez expuesta en su palabras, en sus sonrisas, en sereno detalles, en aquel pequeño jardín que creó exclusivamente para mí alrededor de un melocotonero en el centro de su viñedo, en aquel columpio balanceándose de una rama gruesa de aquel mismo árbol, en la mesa de madera que fabricó para mí con la intención de que hiciera mis deberes, en aquel martillo pequeño que fabricó para que yo lo golpeara sobre la mesilla de noche para llamar la atención y no forzar mi voz después de mi operación de anginas, en aquellas coronas de hierbas que entrelazaba con hierbas y flores para luego cubrir mi cabeza y nombrarme princesa de su viñedo.

¿Cómo no amar a un hombre que te entrega todo su cariño con hechos y palabras a cada instante de tu corta relación?

Recuerdo su pelo, que como mencioné anteriormente era ralo y oscuro. A mi corta edad yo deseaba ser peluquera y, su cabeza fue centenares de veces la víctima de mis "prácticas". Él gustaba de ser peinado y jamas pronunció queja alguna cuando yo, llevada por mi entusiasmo, añadía flores, cadenas y hasta pañuelos, convirtiendo su cabeza en la de una reina preparada para atender un baile oficial. Luego reía cachazudo al mirarse en el pequeño y redondo espejo que yo le entregaba, preguntándome cuál sería la reacción de mi abuela si le "pescara" embutido en aquel disparatado disfraz, pues aparte de cometer la imprudencia de convertirle en una mujer, la falta mayor residía en haberme permitido jugar…

El día que la fatal noticia de su muerte me llegó, contaba yo con veintiún años. El primer impacto fue uno de inexplicable vacío, luego se transformó en un dolor intenso y callado, una herida profunda que no cesaba de sangrar, y aunque el transcurso del tiempo la hace más llevadera, en mi fuero interno, en lo más recóndito de mi mente, aun sangra.

Era mi héroe, mi padre, mi amigo, mi compañero de juegos, mi tutor y… mi primer amor.

7 Comentários:

TORO SALVAJE dijo...

Jo.
No sé que decir.
Es tan bonito lo que has escrito que no quiero estropearlo.
Que bonito homenaje.

Besos.

Ondina dijo...

Reflejas con una inmensa ternura ese amor que tu abuelo te dio

Es precioso el poder escribir asi, precioso el que una persona genere palabras tan llenas de calidez.

Por eso es tan bonito el amor, ese tu primer amor

Un enorme beso desde mi mar

Mil gracias por estar Selva, estas repleta de dulzura.

César Sempere dijo...

Hermoso homenaje.

Un beso,

Jorge Ampuero dijo...

Hermosa memoria de aquel primer amor fileo, a ver si luego nos compartes de tu primer amor eros y del ágape.

Saluditos...

GudèLu dijo...

perfecto, entrañable, adorable, sensible.

A tus PIES

H. Chinaski dijo...

Preciosos sentimientos descritos con una dulzura exquisita
Los abuelos, no siempre dejan huellas tan profundas como la que te dejó el tuyo. Has tenido suerte
Es la primera vez que vengo por aqui, pero no me arrepiento

Saludos

Carl dijo...

Las experiencias de la niñez a veces se tornan muy poderosas, como la tuya. Leyéndote imagino lo fantástico de tu relación por él y lo doloroso de la pérdida. Tal vez no hayan palabras suficientemente certeras para describirlo, pero tú te acercas mucho a ello. Él vive dentro de ti.
Besos.

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